A los 12 años quise ser sacerdote
pero perdí la luz (ya antes había perdido la niñez).
A los 14 quise ser futbolista,
mas no nací con las suficientes piernas.
Luego quise, sucumbiendo siempre
con el rostro entre mis manos al deseo,
ser músico o algo cercano a estar
sobre la mesa desbordadada de la
adolescencia –en calzoncillos-.


